En 2007 prefirió hundir al PAN antes que aclarar su prueba. Hoy, desde la fiscalía, juega a ser el guardián de la ética. La misma Chihuahua que exige verdad tiene derecho a preguntarle: ¿qué escondió en aquel examen?
La carrera política de Abelardo Valenzuela Holguín, conocido como «Bayo», no se construyó sobre méritos o trayectoria. Se levantó sobre los escombros de la credibilidad del PAN en 2007, cuando su nombre quedó vinculado a un escándalo de antidoping que él mismo se encargó de enturbiar con evasivas y argucias legales. Hoy, desde el cargo de fiscal Anticorrupción, este personaje pretende dar lecciones de transparencia. La ironía es tan cruel como reveladora.
El Día que la Verdad le Quedó Grande
El expediente de aquel invierno es claro. Cinco aspirantes a la dirigencia municipal del PAN se sometieron a exámenes antidoping. Cuatro de ellos, con la dignidad que da la conciencia tranquila, hicieron públicos sus resultados negativos. Solo uno, Abelardo Valenzuela Holguín, optó por el camino del político acorralado: cuestionar el proceso, dudar de la cadena de custodia y negarse a dar una explicación contundente.
Su argumento fue un clásico de la deshonestidad intelectual. En lugar de someterse a una nueva prueba, como cualquier persona íntegra habría hecho para limpiar su nombre, «Bayo» prefirió sembrar la sospecha sobre el procedimiento. ¿La cadena de custodia? ¿Las garantías? ¿Acaso los otros cuatro aspirantes fueron sometidos a un proceso distinto? No. Solo él, el único señalado, encontró vicios de forma cuando el resultado no le favorecía. Esa es la esencia de su modus operandi: cuando la verdad lo acorrala, ataca al mensajero.
Un Patrón que se Repite
La crisis que provocó en el PAN no fue un accidente. Fue el resultado de su terquedad y de un ego que antepuso su ambición a la estabilidad de su partido. La elección del 2 de diciembre fue cancelada. El dirigente municipal, José Sigala Valero, pagó los platos rotos con su cargo. El partido tuvo que arrastrarse para pedirle a Valenzuela que se sometiera a una nueva prueba, un acto de debilidad que él orquestó desde su posición de fuerza.
Ese episodio no es un simple capítulo del pasado. Es un patrón de conducta. Hoy, como fiscal, «Bayo» repite la misma estrategia: opacidad, evasión y una soberbia que le impide rendir cuentas. ¿Cómo puede investigar a funcionarios que ocultan información si él mismo construyó su carrera sobre un misterio sin resolver?
La Deuda con Chihuahua
La nota de ZonaFree y la cobertura de El Diario (hoy cooptado por el gobierno estatal) nos permiten reconstruir estos hechos. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿qué había en aquella prueba que Valenzuela prefirió hundir a su propio partido antes que aclarar? Mientras no haya una respuesta, su nombre seguirá siendo sinónimo de doble moral.
Un fiscal Anticorrupción con un expediente manchado por la opacidad no es un guardián de la justicia. Es una contradicción andante. Y los chihuahuenses merecemos algo más que un funcionario que empezó su carrera política escondiendo la verdad.
