La elección de Maribel Alberto abre una discusión mayor dentro de COREMEX: trabajadores cuestionan la legitimidad del proceso y preguntan cómo puede hablarse de respaldo de la base si, según versiones internas, no habría participado más del 50% de los trabajadores.
La polémica por las recientes elecciones de COREMEX ya no gira únicamente alrededor de nombres, candidaturas o relaciones personales. Entre trabajadores comienza a tomar fuerza una pregunta mucho más importante sobre la legitimidad de todo el proceso: si no votó más del 50% de la base, ¿por qué se pretende instalar un comité que no fue elegido por la mayoría de los trabajadores?
La interrogante ha cobrado relevancia después de la elección de Maribel Alberto como integrante de la representación sindical. Su llegada ya había generado cuestionamientos debido a las versiones que la identifican como presuntamente cercana al exdelegado Carlos Gamboa, pero ahora el debate apunta directamente hacia el nivel de participación registrado en las votaciones.
De acuerdo con versiones que circulan entre trabajadores, la participación no habría superado el 50% de la base. Si ese dato se confirma, los inconformes consideran que COREMEX tendría que explicar con absoluta claridad qué porcentaje participó, cuántos trabajadores respaldaron a la planilla ganadora y bajo qué reglas se considera legítimo el resultado.
Porque una cosa es ganar entre quienes acudieron a votar y otra muy distinta asegurar que se cuenta con el respaldo de la mayoría de los trabajadores.
Si menos de la mitad participó, entonces la pregunta es inevitable: ¿a quién representa realmente el nuevo comité?
Para sectores inconformes de la base, instalar una representación surgida de una participación minoritaria podría profundizar todavía más la distancia entre los trabajadores y la dirigencia encabezada por Miguel Meneses.
El cuestionamiento adquiere todavía mayor peso por las versiones sobre una presunta compra de votos que han comenzado a circular alrededor del proceso. Hasta ahora no existen elementos públicos suficientes para confirmar esas acusaciones, por lo que deben permanecer como señalamientos sujetos a comprobación. Sin embargo, la combinación de una eventual baja participación y sospechas sobre la forma en que se obtuvieron algunos apoyos hace que los trabajadores demanden mayor transparencia.
En este contexto, el caso de Maribel Alberto se convierte solamente en una parte de un problema más amplio.
Las versiones sobre su supuesta relación sentimental con Carlos Gamboa, exdelegado señalado por el robo de equipo de seguridad, han aumentado la inconformidad. Sin embargo, incluso dejando de lado cualquier vínculo personal, persiste una cuestión fundamental: ¿el comité que pretende asumir la representación cuenta verdaderamente con el respaldo mayoritario de la base?
La respuesta no debería depender de rumores.
COREMEX podría publicar las cifras completas de la elección: padrón total, número de participantes, votos obtenidos por cada opción, porcentaje de participación y reglas aplicadas para determinar la validez del proceso.
Si la elección cumple con las disposiciones correspondientes, esos datos permitirían demostrarlo. Pero si efectivamente participó menos de la mitad de los trabajadores, la dirigencia tendría que explicar por qué considera que el resultado ofrece suficiente legitimidad para representar al conjunto de la base.
Miguel Meneses enfrenta así un cuestionamiento que difícilmente podrá resolverse ignorando las inconformidades.
Los trabajadores no solamente quieren saber quién ganó. Quieren saber cuántos eligieron realmente a quienes ahora pretenden representarlos.
La diferencia es fundamental.
Un comité sindical puede cumplir formalmente con determinadas reglas electorales y, al mismo tiempo, enfrentar un serio problema de representatividad si una parte mayoritaria de la base no participó en su elección. Por ello, antes de cerrar el proceso, los inconformes consideran indispensable transparentar las cifras y aclarar cualquier señalamiento de irregularidad.
La discusión dentro de COREMEX ha dejado entonces de concentrarse exclusivamente en Maribel Alberto. Ahora existe una pregunta mucho más incómoda para toda la dirigencia:
Si no votó más del 50% de los trabajadores, ¿por qué quieren imponer un comité que la mayoría nunca eligió?
